"Hay panolis que se piensan que esto de escribir para uno es como el hablar a solas, cosa de chalados. Eso son ganas de enredar las cosas, porque uno no siempre dice lo que quiere y hay pensamientos que andan por dentro de uno y uno, por vueltas que le dé, no acierta a expresarlos, o a lo mejor, no le da la real gana de hacerlo. Uno es de una manera y como uno es, no lo sabe ni su madre y, sin necesidad de ir a lo zorro, uno nunca se confía del todo a los demás y si quiere recordarse de algo, no hay como comerlo a palo seco, sin el recelo de que otro venga a cachondearse de lo que dice. Ésta es la fetén y el que diga lo contrario miente".
Miguel Delibes: Diario de un emigrante

sábado, 3 de febrero de 2018

DERSU UZALA - Vladimir Arseniev




















Bonito libro. Literariamente quizás no aporte gran cosa; el formato de diario de viajes supongo que no ayuda aunque haya estupendas excepciones.

En cualquier caso es una hermosa historia digna de ser contada y vivida; también ahora por nosotros desde la distancia temporal y física. Ponerse en situación en esta historia lleva a experimentar intensas vivencias sobre lo emocionante y penoso en ocasiones que resultaría llevar una vida de este tipo. Me recuerda a una historia de muchos abuelos de otra época no tan lejana.

Sí que es verdad que "sobran" algunas páginas que redundan sobre lo mismo o muy parecido. También hay que dar aviso de que es un libro especialmente recomendado para aventureros, amantes de la naturaleza y de otras culturas. Puede que la tribu urbanita no termine de emocionarse con él.

Lo mejor: saber transportarse para vivir con los protagonistas sus aventuras.
Lo peor: las páginas que vuelven sobre parecidas cuestiones ya vistas.

POESÍA PARA LOS QUE LEEN PROSA - Miguel Munárriz




















Este libro es una magnífica idea que se hace tan personal casi de forma obligada que he echado en falta una ejecución aún más brillante. Pero, claro, es tan subjetiva cualquier antología que podríamos llegar a hacer cada uno de nosotros...

En general es un buen libro casi para cualquier lector, ya que la mayoría somos, como mínimo, algo profanos en los mundos del verso. Munárriz hace una selección correcta, en la que quizás sobran algunos poemas, no por su valor literario, si no por alejarse del propósito del libro de enganchar al lector de prosa. Por otra parte, el repaso generacional, incluidas las voces más nuevas y desconocidas es un buen trabajo que enriquece el libro . También lo es la inclusión de los poemas favoritos de ciertas personalidades que acercan, esta vez sí, al lector a un mundo próximo y conocido.

Digamos que cabría, por lo menos, una segunda parte del texto. Incluso me atrevo a sugerir (de forma no vinculante) votaciones de todos aquellos que crean que puedan aportar un poema que descubra la poesía a los más reacios o desconocedores. Quizás ellos llegaron a ella a través de ese poema que guardan muy dentro. Quizás volvería a ocurrirle lo mismo a otra persona.

Lo mejor:la variedad. Los nuevos descubrimientos.
Lo peor: los poemas más complejos para los no iniciados.

LA MIRADA DEL ALMA - Luis Mateo Díez





















Luis Mateo Díez es un escritor de renombre y miembro de la RAE; quiero decir que conoce de sobra el oficio. Y eso se nota, sabe escribir. Dicho esto, creo que el libro debería contar con el aviso "No apto para todos los públicos".

Me explico. Aunque la prosa es más que correcta, el libro únicamente será entretenido para aquellas personas que disfruten (pero mucho, mucho, ¡ojo!) con los ejercicios de estilo más que con la acción, con la metáfora y la contrametáfora encadenadas sin fin. El abuso de Luis Mateo Díez de este recurso, demuestra su habilidad como escritor, así como la creación de un discurso tremendamente sentimentaloide, enrevesado, de una retórica empalagosa y vacua. Entiendo (quizás por error) que un recurso tan válido como una metáfora debe partir de un hecho, de una idea que maquilla y adorna para explicar mejor y para convertir en bello el mensaje. No entiendo, por tanto, que de cada anécdota mínima chorreen metáforas sin fin que no pueden explicar algo que apenas ha ocurrido y que, lejos de embellecer, lastran la (mínima) acción ya que no aportan más que un recargado ejercicio de estilo.

Supongo que habrá lectores que puedan disfrutar de esta retórica engolada y autocomplaciente. No es mi caso. Y es tal el exceso, que pido aviso para lectores a los que nos es suficiente con el romanticismo de Bécquer y a los que "Las penas del joven Werther" de Goethe se nos hace otro panfleto azucarado y redicho.

Lo mejor: pensar que Luis Mateo Díez puede usar su talento para mejores causas.
Lo peor: la inacción, la retórica recargada.

De vuelta

Después de unos años lamentando la felicidad lejos de aquí, parece que es buen momento para retomar la actividad. El tiempo que vaya  a dedicarle en esta ocasión sólo puede estar relacionado, una vez más, con los lamentos y alegrías que surjan de este lado del ordenador. De momento, a disfrutar.

Arrierez

jueves, 2 de enero de 2014

Discurso de ingreso en la RAE de Miguel Delibes

A continuación un extracto del discurso de ingreso en la RAE de Miguel Delibes. Lucidez que sigue siendo válida hoy en día.

Algunas gentes, sin embargo, ante la repentina crisis de energía que padece el mundo, han hablado, con tanta desfachatez como ligereza, del fin de la era del consumismo. Esto, creo, es mucho predecir. El mundo se acopla a la nueva situación, acepta el paréntesis; eso es todo. Mas, mucho me temo que, salvadas las circunstancias que lo motivaron, la fiebre del consumo se despertará aún más voraz que antes de producirse. Cabe, claro está, que la crisis se prolongue, se haga endémica, y el hombre del siglo XX se vea forzado a alterar sus supuestos. Mas esta alteración se soportará como una calamidad, sin el menor espíritu de regeneración y enmienda. En este caso, la tensión llegará a hacerse insoportable.

A mi entender, únicamente un hombre nuevo, humano, imaginativo, generoso sobre un entramado social nuevo, sería capaz de afrontar, con alguna probabilidad de éxito, un programa restaurador y de encauzar los conocimientos actuales hacia la consecución de una sociedad estable. Lo que es evidente, como dice Alain Hervé, es que a estas alturas, si queremos conservar la vida, hay que cambiarla.

Miguel Delibes: extracto del discurso de ingreso en la RAE 1973

jueves, 8 de agosto de 2013

"DEXTER"

Otra serie que he seguido con interés en los últimos años es Dexter, sobre las andanzas de un 'simpático' psicópata o asesino en serie que ha logrado enfocar su pulsión homicida hacia la persecución y consiguiente exterminio de otros psicópatas o asesinos en serie que perpetran sus crímenes en la ciudad de Miami. Dexter da una nueva vuelta de tuerca al subgénero de los justicieros o 'vengadores', que Charles Bronson pusiera de moda allá por los años setenta, reciclando materiales propios del wéstern: se trata de exaltar la figura de quien, ante la inoperancia de la ley, se toma la justicia por su mano, convirtiéndose de este modo en garante del orden. A esta exaltación moralmente dudosa de la figura del justiciero, suma Dexter una mitificación (más dudosa todavía) del psicópata, que ya el cine de las últimas décadas había encumbrado a la categoría de icono propio de nuestra época, una suerte de reverso oscuro del superhéroe.
Solo que Dexter, el protagonista de la serie, interpretado por Michael C. Hall, es como decíamos más arriba un tipo 'simpático'; y el tratamiento de la serie, que abunda en truculencias y desmanes, es sin embargo francamente amable, incluso cómico por momentos. No es que Dexter sea un simpático profesional; por el contrario, se nos presenta como un hombre torturado, más que por su secreta pulsión homicida (que, en honor a la verdad, no le causa demasiados conflictos de conciencia), por la vida de fingimientos que está obligado a sobrellevar. Para mayor bizantinismo o enrevesamiento, Dexter trabaja como perito científico en el departamento de policía de la ciudad de Miami; es hermano adoptivo de una policía destacada del departamento, que con el tiempo llegará a convertirse en su superior; e incluso ha probado, en su afán por mantener una fachada irreprochable, a casarse, superando el frío desapasionamiento propio de su carácter y llegando a disfrutar de una vida familiar modélica. Uno de los aspectos más divertidos (y perturbadores) de la serie consiste, precisamente, en contrastar estos hábitos hogareños y perfectamente honorables de Dexter con sus hábitos homicidas, que mantiene resguardados hasta donde puede; la fricción entre ambos da lugar a situaciones propias de una comedia de enredo, completadas con reflexiones interiores del propio Dexter, de naturaleza más bien cínica y socarrona.
Para completar la caracterización positiva de Dexter y captar la benevolencia del espectador, los guionistas le han urdido un pasado traumático que 'explica' o incluso 'justifica' su comportamiento; y han puesto a su lado, a modo de voz de su discutible conciencia, al ectoplasma de su difunto padre adoptivo (James Remar), que en vida logró encauzar su pulsión homicida, invitándolo a dar matarile a otros psicópatas, y que una vez muerto actúa a modo de ángel guardián, ayudándolo a resolver sus dilemas morales; o, dicho más exactamente, las difíciles tesituras en que a menudo se halla. De este modo (y he aquí el mayor y más desasosegante acierto de la serie), el espectador acaba no solo aprobando los crímenes de Dexter, sino que incluso llega a identificarse con quien los perpetra, participando de los desvelos y angustias que conlleva su planificación, comisión y posterior ocultamiento. No hace falta añadir que, con frecuencia, las circunstancias en que tales crímenes se perpetran son por completo inverosímiles; pero se trata de una inverosimilitud que se acepta sin reticencia, tal vez por el latente tono de farsa amable que impregna toda la serie.
Y es, en el fondo, este tono de farsa amable muy cuidadosamente elegido por sus creadores lo que a la postre provoca mayor zozobra; pues toda la serie rezuma, a poco que uno esté atento, una amoralidad insidiosa y burlona. Dexter, en realidad, no solo mata a los 'malos'; también llega a matar (así, por ejemplo, al final de la segunda temporada) a quienes sospechan de su doble vida. Y aunque la serie se esfuerza en mostrar a estos suspicaces como villanos sin salvación, para que Dexter no se convierta en un personaje demasiado indigesto, lo cierto es que ninguna culpa tienen que merezca una condena (salvo interponerse en la pulsión homicida del protagonista, de la que el espectador ya se ha hecho cómplice). La serie, en fin, desliza constantemente en el espectador este mensaje ofidio: «Tú también lo harías sin remordimiento si pudieras ocultarlo; y, en situaciones de peligro, no vacilarías en eliminar a quien pudiera delatarte. Porque, en el fondo, tú también eres un psicópata reprimido; tan simpático como Dexter, por supuesto, pero un psicópata como la copa de un pino».

Juan Manuel de Prada
XL Semanal 21/07//2013

miércoles, 22 de febrero de 2012

Señora de rojo sobre fondo gris

No ignoro que el recurso de beber para huir es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de ti mismo? Una copa acartona el recuerdo, pero, al propio tiempo convierte la onerosa gravedad de tu cuerpo en una suerte de porosidad flotante. Algo parecido a la fiebre. Pasado el trance sobreviene el decaimiento, pero hay un medio para evitarlo: mantener en sangre una dosis de alcohol que te imbuya la impresión de que participas en la vida, de que la vida no pasa sobre el hoyo en que te pudres sin advertir que existes. Esta forma de energía suele identificarse con la alegría, aunque, por supuesto, no es alegría. A lo sumo, una energía inferior, improductiva; en caso contrario, yo trabajaría. Pero mi ingenio, si alguna vez existió, se ha agotado(…)


Miguel Delibes